Desde el año 1920 ha habido 3.152 veces que se han superado los 40 grados en España durante el mes de junio. Son datos oficiales de la Agencia Estatal de Meteorología. Pues bien, en 1.405 casos (un 44,6%) este registro está tomado con posterioridad a 2019, es decir, en los últimos seis años se han dado casi la mitad de los registros superiores a 40 grados en el mes de junio. Hay que tener en cuenta que en la actualidad la toma de registros es mucho más inmediata que hace años y eso facilita que haya más registros de los últimos años que se los anteriores.
En cuanto a la distribución territorial del total de registros, las provincias con mayor presencia son Badajoz, con 405 registros, seguida de Córdoba y Sevilla, ambas con 368, y Jaén, con 291. También destacan Cáceres, Huelva, Ciudad Real y Toledo. Esta concentración apunta a un claro protagonismo de zonas del sur y suroeste peninsular, territorios tradicionalmente asociados a temperaturas máximas elevadas.
En el extremo contrario, las provincias con menor número de registros son Lugo, Palencia, Soria, Santa Cruz de Tenerife y Zamora, con 1 registro cada una. Les siguen Pontevedra, con 2, y Araba/Álava y Segovia, con 3.
Estos datos son importantes porque ayudan a observar cómo se comportan los episodios de altas temperaturas a lo largo del tiempo y en distintas provincias. Aunque por sí solos no demuestran el cambio climático, sí permiten identificar patrones compatibles con un contexto de calentamiento: mayor frecuencia de registros recientes, concentración territorial de temperaturas extremas y persistencia de valores elevados.
En relación con el cambio climático, una base histórica como esta permite comparar el presente con décadas anteriores. Si una proporción relevante de los registros se concentra en los últimos años, como ocurre aquí, puede ser una señal de que los episodios de calor extremo están ganando peso en la serie. Esto resulta clave para estudiar riesgos sobre salud, agricultura, recursos hídricos e incendios forestales.
Además, la distribución por provincias ayuda a detectar zonas especialmente expuestas. Las áreas con más registros pueden requerir mayor atención en planes de adaptación: alertas por calor, protección de población vulnerable, gestión del agua y planificación urbana. En definitiva, estos datos convierten el cambio climático en algo medible y localizado, facilitando decisiones públicas basadas en evidencia.
Estos datos son importantes porque ayudan a observar cómo se comportan los episodios de altas temperaturas a lo largo del tiempo y en distintas provincias. Aunque por sí solos no demuestran el cambio climático, sí permiten identificar patrones compatibles con un contexto de calentamiento: mayor frecuencia de registros recientes, concentración territorial de temperaturas extremas y persistencia de valores elevados. En relación con el cambio climático, una base histórica como esta permite comparar el presente con décadas anteriores. Si una proporción relevante de los registros se concentra en los últimos años, como ocurre aquí, puede ser una señal de que los episodios de calor extremo están ganando peso en la serie.
